domingo, 27 de septiembre de 2026

Urania

 

La música de las esferas de Kepler: armonía cósmica y matemática celestial en el Harmonices Mundi


Entre órbitas invisibles, proporciones matemáticas y melodías que ningún oído humano podía escuchar, Johannes Kepler intentó descifrar la partitura secreta del universo en Harmonices Mundi. Convencido de que los planetas obedecían una armonía comparable a la música, transformó el movimiento celeste en contrapunto matemático y abrió un puente entre ciencia, filosofía y teología. ¿Puede el cosmos entenderse como una composición musical? ¿Es la belleza matemática una propiedad real del universo?

 

Johannes Kepler publicó en 1619 una de las obras más extraordinarias de la historia de la ciencia: Harmonices Mundi, o “La armonía del mundo”. En ella, el astrónomo alemán no se limitó a describir las órbitas planetarias con ecuaciones abstractas, sino que intentó escuchar el cosmos: traducir las velocidades angulares de los planetas en intervalos musicales y, a partir de ellos, componer partituras reales. Esta empresa, aparentemente fantástica, fue el resultado de décadas de meditación matemática, filosófica y teológica sobre el orden oculto del universo.

La idea de que el cosmos produce una música inaudible no era nueva en tiempos de Kepler. La musica universalis, o música de las esferas, es un concepto que se remonta a Pitágoras, quien en el siglo VI a. C. propuso que los cuerpos celestes, al desplazarse por el firmamento, generaban sonidos armónicos proporcionales a sus distancias y velocidades. Esta doctrina fue desarrollada por Platón en el Timeo y consolidada por Boecio en la Alta Edad Media, quien la integró al currículo universitario como una de las cuatro disciplinas del quadrivium, junto con la aritmética, la geometría y la astronomía.

Lo que Kepler hizo fue radicalmente distinto a sus predecesores: aplicó la nueva astronomía heliocéntrica y sus propias leyes del movimiento planetario para construir una correspondencia rigurosa entre física celeste y teoría musical. A diferencia de los antiguos, que especulaban con distancias estáticas, Kepler utilizó las velocidades angulares de los planetas en su perihelio y afelio —los puntos más cercano y más lejano al Sol— para calcular intervalos musicales precisos. El resultado fue un sistema de contrapunto cósmico de insólita coherencia interna.

Saturno, el planeta más lento, producía según Kepler notas graves, mientras que Mercurio, el más veloz, generaba un rango de variación mucho mayor, casi una octava completa. La Tierra, por su parte, emitía una melodía que oscilaba entre las sílabas mi y fa, que Kepler interpretó simbólicamente como miseria y fames —miseria y hambre—, una lectura que revela cuánto pesaba en su pensamiento la tradición hermenéutica renacentista junto al rigor matemático moderno.

El Harmonices Mundi se divide en cinco libros. Los tres primeros abordan la geometría de los polígonos y poliedros regulares, los fundamentos de la teoría musical y sus proporciones aritméticas. El cuarto libro trata sobre astrología como disciplina armónica, y el quinto —el más célebre— es donde Kepler expone la música de las esferas en sentido estricto, presentando las partituras planetarias. Es también en este libro donde enuncia su tercera ley del movimiento planetario: el cuadrado del período orbital es proporcional al cubo del semieje mayor de la órbita.

Esta tercera ley kepleriana, que hoy consideramos uno de los pilares de la astronomía clásica, emergió directamente de la búsqueda de proporciones armónicas en el sistema solar. Kepler no estaba separando ciencia de arte ni razón de espíritu: los buscaba simultáneamente, convencido de que la misma estructura matemática que rige la consonancia musical regía el movimiento de los astros. Esta convicción lo convierte en un pensador de frontera, situado entre el universo simbólico del Renacimiento y el mecanicismo de la revolución científica del siglo XVII.

Desde la perspectiva de la historia de la ciencia, el Harmonices Mundi plantea un problema epistemológico fascinante: ¿cómo evaluar un descubrimiento científico genuino —la tercera ley— que surgió de una motivación que hoy consideraríamos extracientífica? El historiador Arthur Koestler llamó a Kepler “el sonámbulo”, un genio que llegó a verdades correctas por caminos tortuosos y a menudo místicos. Esta paradoja no disminuye el valor de su obra; al contrario, desafía la visión lineal y racionalista del progreso científico.

La relación entre música y matemática que Kepler exploró en su teoría de la armonía cósmica no es solo una curiosidad histórica. En el siglo XX, esta conexión fue retomada por múltiples tradiciones. El compositor Karlheinz Stockhausen, influido por ideas pitagóricas y keplerianas, exploró la transposición de frecuencias astronómicas al dominio sonoro. Más recientemente, la astrofísica ha desarrollado la “arqueoacústica estelar” y la sismología solar, disciplinas que estudian las oscilaciones de las estrellas como si fueran instrumentos musicales, en lo que se denomina heliosismología.

La heliosismología y la asterosismología modernas ofrecen, sin pretenderlo, una vindicación parcial de la intuición kepleriana: las estrellas oscilan en modos propios que pueden representarse como frecuencias sonoras, y el análisis de esas frecuencias revela la estructura interna de los cuerpos celestes. Si bien estas disciplinas operan con un marco conceptual completamente diferente al de Kepler, la metáfora de la música como clave para entender el cosmos ha recuperado vigencia científica en el siglo XXI, aunque despojada de su dimensión teológica original.

En el ámbito cultural y filosófico, la música de las esferas ha ejercido una influencia persistente que va más allá de la astronomía. En la literatura, desde Dante hasta Milton y Shakespeare —quien en El mercader de Venecia alude a la armonía de las esferas— el cosmos musical ha sido fuente de metáforas sobre el orden divino, la belleza y la proporción. En la filosofía contemporánea, pensadores como Hans Kayser y Rudolf Haase desarrollaron la “harmónica” como disciplina que busca en las proporciones numéricas la estructura profunda de la realidad natural, siguiendo la estela de Kepler y Pitágoras.

El legado de Kepler en la teoría musical también merece atención. Al asignar a cada planeta una voz en un contrapunto polifónico, Kepler anticipó estructuras que la musicología posterior asociaría con el estilo contrapuntístico del Barroco. No es casual que su obra apareciera en 1619, pocos años después de que Monteverdi publicara su Orfeo (1607) y en plena consolidación del sistema tonal europeo. Kepler participaba de un ambiente intelectual en el que la música, la matemática y la cosmología eran aspectos del mismo problema: ¿cuál es la estructura racional del universo?

Es importante subrayar que Kepler no afirmaba que los planetas produjeran sonidos audibles en el sentido físico. La música que describía era, en sus propias palabras, inteligible solo al entendimiento, no a los oídos. Esto distingue su posición tanto del literalismo pitagórico antiguo como de las especulaciones ocultistas que proliferaron en el Renacimiento. Su musica mundana era, ante todo, una estructura matemática de relaciones proporcionales, expresable en notación musical pero fundamentalmente abstracta.

La vigencia contemporánea de la armonía kepleriana reside en su capacidad de articular una pregunta que la ciencia no ha abandonado: ¿es el universo matemáticamente bello? Desde Eugene Wigner, que habló de “la irrazonable efectividad de las matemáticas en las ciencias naturales”, hasta los físicos teóricos que buscan una teoría del todo basada en simetrías elegantes, la convicción de que el cosmos obedece a estructuras armónicas sigue orientando la investigación. Kepler fue uno de los primeros en formular esta intuición con rigor cuantitativo, y en ese sentido su Harmonices Mundi permanece como un umbral entre dos mundos: el del cosmos simbólico y el del universo matemático moderno.

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Referencias

Kepler, J. (1997). The harmony of the world (E. J. Aiton, A. M. Duncan & J. V. Field, trad.). American Philosophical Society. (Obra original publicada en 1619)

Koestler, A. (1959). The sleepwalkers: A history of man’s changing vision of the universe. Hutchinson.

James, J. (1993). The music of the spheres: Music, science, and the natural order of the universe. Grove Press.

Field, J. V. (1984). Kepler’s star polyhedra. Vistas in Astronomy, 23(2), 109–141. https://doi.org/10.1016/0083-6656(84)90012-4

Stephenson, B. (1994). The music of the heavens: Kepler’s harmonic astronomy. Princeton University Press.

 

 

lunes, 8 de enero de 2018

Origen de la palabra personalidad


La personalidad.

El concepto de «personalidad» proviene del término «persona», denominación que se utilizaba en el latín clásico para la máscara que portaban los actores de teatro en la antigüedad. Sin embargo, ya en ese entonces se hablaba en un sentido amplio y figurado de «personas» para referirse a los roles, es decir a «como quién» o «representando a quién» actuaba un determinado actor teatral tras su máscara.1​ El concepto paulatinamente se transfirió a otras esferas de la sociedad, más allá del teatro, pero en la Roma antigua, «personas» eran solamente los ciudadanos, jurídicamente provistos de derechos (en contraste con los esclavos que no eran considerados personas, puesto que no podían decidir sobre su propio actuar, ni menos aún deliberar sobre el de los demás). El concepto estaba inicialmente muy restringido a aquellos ciudadanos poderosos, que gozaban de honra, prestigio y, en respeto a su dignidad, eran los únicos poseedores de derechos ciudadanos. Con la llegada de la Era Cristiana, el concepto de persona cambia de significado para poder significar el dogma de la Trinidad (Dios es uno sólo en cuanto a la naturaleza, pero trino en personas) y el dogma de la Encarnación (La segunda Persona de la Trinidad, asumió una naturaleza humana, sin dejar de tener una naturaleza divina. Esta unión se realiza "en la persona". Así, persona pasa a significar, según la definición clásica del filósofo cristiano Boecio a la sustancia individual de naturaleza racional, y según Tomás de Aquino al "subsistente distinto en naturaleza intelectual". Se diferencia a la naturaleza, que significa una esencia común a muchos (por ejemplo, "hombre") de la persona que designa al individuo de esa naturaleza en lo que tiene de propiamente individual. Este es el concepto de persona que ha pasado con algunas modificaciones a veces, hasta nuestros días, y que fundamenta que todo individuo de naturaleza humana es persona, independientemente de sus circunstancias biográficas, genéticas, sociales o económica, y es un individuo dotado de una especial dignidad. En los filósofos escolásticos, la palabra personalidad ("personalitas") se utilizaba para designar aquella perfección poseyendo la cual un determinado individuo es persona. En el transcurso de los siglos, el concepto de «persona» se fue transformando gradualmente en uno más general hasta llegar utilizarse en el sentido coloquial actual, es decir, prácticamente como sinónimo de «ser humano». En el contexto de este desarrollo conceptual, la aparición del adjetivo «personal» facilitó el desarrollo del sustantivo «personalidad», utilizado para designar la totalidad de características «personales» que interactúan dinámicamente entre sí para producir aquél estilo relativamente estable de desenvolverse individual y socialmente que un individuo posee.2​ No debe confundirse el concepto de persona con el de personalidad. Mientras que el primero designa al individuo en su totalidad, el segundo designa un aspecto suyo, el conjunto organizado de sus disposiciones a la operación.3​
Definición de la personalidadHistoria del concepto[editar]

El concepto de «personalidad» proviene del término «persona», denominación que se utilizaba en el latín clásico para la máscara que portaban los actores de teatro en la antigüedad. Sin embargo, ya en ese entonces se hablaba en un sentido amplio y figurado de «personas» para referirse a los roles, es decir a «como quién» o «representando a quién» actuaba un determinado actor teatral tras su máscara.1​ El concepto paulatinamente se transfirió a otras esferas de la sociedad, más allá del teatro, pero en la Roma antigua, «personas» eran solamente los ciudadanos, jurídicamente provistos de derechos (en contraste con los esclavos que no eran considerados personas, puesto que no podían decidir sobre su propio actuar, ni menos aún deliberar sobre el de los demás). El concepto estaba inicialmente muy restringido a aquellos ciudadanos poderosos, que gozaban de honra, prestigio y, en respeto a su dignidad, eran los únicos poseedores de derechos ciudadanos. Con la llegada de la Era Cristiana, el concepto de persona cambia de significado para poder significar el dogma de la Trinidad (Dios es uno sólo en cuanto a la naturaleza, pero trino en personas) y el dogma de la Encarnación (La segunda Persona de la Trinidad, asumió una naturaleza humana, sin dejar de tener una naturaleza divina. Esta unión se realiza "en la persona". Así, persona pasa a significar, según la definición clásica del filósofo cristiano Boecio a la sustancia individual de naturaleza racional, y según Tomás de Aquino al "subsistente distinto en naturaleza intelectual". Se diferencia a la naturaleza, que significa una esencia común a muchos (por ejemplo, "hombre") de la persona que designa al individuo de esa naturaleza en lo que tiene de propiamente individual. Este es el concepto de persona que ha pasado con algunas modificaciones a veces, hasta nuestros días, y que fundamenta que todo individuo de naturaleza humana es persona, independientemente de sus circunstancias biográficas, genéticas, sociales o económica, y es un individuo dotado de una especial dignidad. En los filósofos escolásticos, la palabra personalidad ("personalitas") se utilizaba para designar aquella perfección poseyendo la cual un determinado individuo es persona. En el transcurso de los siglos, el concepto de «persona» se fue transformando gradualmente en uno más general hasta llegar utilizarse en el sentido coloquial actual, es decir, prácticamente como sinónimo de «ser humano». En el contexto de este desarrollo conceptual, la aparición del adjetivo «personal» facilitó el desarrollo del sustantivo «personalidad», utilizado para designar la totalidad de características «personales» que interactúan dinámicamente entre sí para producir aquél estilo relativamente estable de desenvolverse individual y socialmente que un individuo posee.2​ No debe confundirse el concepto de persona con el de personalidad. Mientras que el primero designa al individuo en su totalidad, el segundo designa un aspecto suyo, el conjunto organizado de sus disposiciones a la operación.3​

Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Personalidad

sábado, 18 de febrero de 2017

La escritura musical más antigua


Posted on 2010/11/25 by Cristina Martí


Hace cuatro mil años, en Sumeria, el rey Shulgi de la dinastía Ur se adjudicaba el haber establecido la teoría de la música y dominar varios instrumentos y “delinear sus movimientos ascendentes y descendentes”. El significado exacto de estas palabras no se conoce, pero quizás se puede poner en relación con la invención de la notación musical babilónica, cuyos ejemplos conservados más tempranos datan del Imperio Medio Asirio, hace unos dos mil años antes de Cristo.


La más antigua forma de notación musical fue encontrada en Nippur, Irak: una tableta con escritura cuneiforme que recoge instrucciones para representar la música, a modo de una guía para el ejecutante, como sucede con todas las notaciones de la antigüedad. La imagen a continuación muestra dicha tableta, con la trascripción de la escritura cuneiforme y la traducción al inglés, con la que se puede ver que son indicaciones del número de cuerda que el intérprete debía tocar en su instrumento.





Tableta cuneiforme de Nippur. Abajo, transcripción actual y traducción al inglés.








Tableta Ugarit



La imagen de la izquierda muestra otra de las piezas de música escrita más antigua: un canto religioso grabado en el sistema cuneiforme hurrita. Fue descubierta en Siria a comienzos de los años 50, durante las excavaciones efectuadas cerca de la antigua ciudad de Ugarit, y descifrada en 1972.





Tableta hurrita


Otra tableta de aproximadamente el año 1250 a. C. Muestra un sistema de notación musical más desarrollado, pero continuaba siendo una indicación para la interpretación.


Las cuatro primeras líneas muestran la letra de la canción, que incluye la frase “amado de mi corazón” y referencias a dioses y diosas; las seis siguientes contienen instrucciones para su ejecución, que constituyen el equivalente de la notación musical. Esta pieza, escrita hacia el 1800 antes de Cristo, hace al próximo Oriente el lugar de nacimiento de la música occidental.





Tableta hurrita transcripción


La parte superior, muestra el texto de un himno hurrita. La inferior, marcada en rojo, contiene una serie de números, nombres de las cuerdas de la lira y términos que se ha interpretado como una “partitura” que contiene la forma en la que dicho himno debía cantarse.


Aunque han llegado muy fragmentados, estas tabletas son los más antiguos testimonios de melodías hallados en todo el mundo. Evidentemente, estos “documentos musicales” no son los que un bibliotecario o documentalista va a tener entre sus fondos, ya son piezas más de “arqueología musical” que de paleografía musical y su lugar son los museos, pero es fascinante conocer cómo las civilizaciones antiguas buscaban una forma plasmar en un soporte perdurable y transmitible algo tan intangible como son los sonidos.


Bibliografía


Duchesne-Gullemin, Marcel: A hurrian musical score from ugarit: the discovery of mesopotamian music. En sourcer form the ancient near east, vol. 2 fasc. 2. Malibu: Undena Publications, 1984 [en línea] Disponible en http://128.97.6.202/attach/duchesne-guillermin%201984%20the%20discovery%20of%20mesopotamian%20music.pdf[consultado el 28 de mayo de 2010]

jueves, 2 de febrero de 2017

Inspiración: historia de una palabra.

“Ningún hombre ha llegado a ser grande sin un toque de inspiración”.
Cicerón

Con este breve texto escrito en este Blog, intentaré dar respuesta a una pregunta, ¿de dónde surge la palabra inspiración?.Según el diccionario etimológico, la palabra "inspiración" proviene del prefijo latino in que significa dentro y del verbo spirare (respirar) y el sufijo tío que evoluciona a la palabra "ción" que significa acción y efecto. La palabra inspiración en su sentido etimológico refiere a la acción y efecto (cion) de introducir (in) aire a los pulmones (spirare).
Como podemos observar, esta palabra tiene sus etimologías en la cultura latina. Sin embargo, la palabra fue utilizada en pocas más antiguas y fue lo que originó su significado. Alrededor del año 323 A.C., durante el nacimiento de la cultura helénica, la palabra  "inspiración" era entendida como introducir con nuestro aliento, la iluminación del espíritu, antes de cualquier creación humana: la llamada inspiración artística. Esta creencia se debe a que se pensaba que las musas, hijas de Zeus, dios del cielo y Mnemosia, llevaban a los artistas a realizar composiciones o trabajos.Las nueve musas eran las que dotaba de inspiración a los músicos, pensadores o poetas.
El nombre de cada una de ellas fue:


  • Calíope, la musa de la poesía épica y la elocuencia.
  • Erato, la musa de la canción amatoria.
  • Melpómene, la musa de la tragedia.
  • Talía, la fuente de inspiración para la poesía bucólica y la comedia.
  • Urania, la musa de la astronomía y las ciencias.
  • Clío, la musa de la epopeya.
  • Euterpe, la fuente de inspiración de la música.
  • Polimnia, nuestra musa de la poesía sacra y los cantos sagrados.
  • Terpsícore, la inspiración para la danza.


Sin embargo, con el fin de la Grecia Helenista (39 A.C.), la palabra trascendió al tiempo y no desapareció del lenguaje. Gracias a la anexión de la cultura griega a Roma, esa palabra fuera recogida en las etimologías latinas. Posteriormente, con la desaparición de los mitos griegos y el inicio del Cristianismo, la palabra fue empleada en la Biblia. 
Las sagradas escrituras emplearon la palabra "inspiración", en un concepto teológico diferente, la palabra representó en el Cristianismo: "la concepción de que obras y hechos de seres humanos, íntimamente conectados con Dios, recibían al Espíritu Santo `la revelación de Dios'". 

Al investigar todo ésto, el nuevo significado de nuestra palabra me sorprende, ya que guarda mucho más de lo que podría yo imaginar de su origen más antiguo. Pero no es tan asombroso si recordamos que el cristianismo sustituyo a las religiones paganas, introduciendo en sus creencias parte de otras culturas, por ejemplo las mismas palabras.
Pienso que la palabra "inspiración" es una de las más hermosas expresiones, que el hombre puede darle a la creación humana. Su paso por los siglos, seguirá haciendo evolucionar sus significado entre los hombres y los libros. Por lo que pienso que es la historia de una palabra, que aún no lo ha dicho todo. La palabra "inspiración" dará mucho que decir y en su nombre se seguirá creando belleza.


Realizado por: Flor Zarahí

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martes, 31 de enero de 2017

La creación del hombre y la mujer según Platón.

En el libro Relato de la creación del hombre y la mujer, Platón escribe que al principio de la creación, los hombres y las mujeres no eran como son hoy. Existió un ser, que era bajo, con un cuerpo y un cuello, pero cuya cabeza tenía dos caras, cada una mirando en una dirección. Como si dos criaturas estuviesen pegadas por su espalda, con dos sexos opuestos, cuatro piernas, cuatro brazos.

Según Platón, los dioses griegos, estaban celosos, y vieron que una criatura que tenía cuatro brazos trabajaba más, dos caras opuestas estaban siempre vigilantes y no podían ser atacadas a traición, cuatro piernas no exigían tanto esfuerzo para mantenerse de pie o andar durante largos períodos. Y lo que era más peligroso: la criatura tenía dos sexos diferentes, no necesitaba a nadie más para seguir reproduciéndose en la tierra. Por lo que dijo Zeus, el señor del Olimpo: “Tengo un plan para hacer que estos mortales pierdan su fuerza”.Y con un rayo, partió a la criatura en dos, y así creó al hombre y a la mujer". 

Después de que Zeus destruyese a la criatura, los textos dan testimonio de que la población del mundo aumento, y al mismo tiempo desorientó y debilitó a los que en él habitaban, porque ahora tenían que buscar su parte perdida, abrazarla de nuevo, y en ese abrazo recuperar la antigua fuerza y con ella la capacidad de evitar la traición, la resistencia para andar largos periodos y soportar el trabajo agotador.

A ese abrazo donde los dos cuerpos se confunden de nuevo en uno, lo llamamos sexo, amor. Un abrazo en el que el hombre y la mujer recupera una de sus energías ancestrales de la Creación. 
Abrazar es ceñir o rodear algo o a alguien con los brazos, especialmente como muestra de afecto o cariño.Esta expresión de afecto tiene un significado muy profundo en las culturas de la Antigüedad, como lo relata Platón. 

Realizado por: Flor Zarahí.

jueves, 26 de enero de 2017

Música de la Antigua Grecia


Música de la Antigua Grecia




Apolo con una lira representado en un Kílix del siglo V a. C.




La música de la Antigua Grecia era un arte que se encontraba presente en la sociedad de forma casi universal: en las celebraciones, funerales, en el teatro, a través de la música popular o mediante las baladas que presentaban los poemas épicos. Representaba, por tanto, un papel clave en las vidas de los habitantes de la Antigua Grecia.
En la actualidad, constan significativos fragmentos sobre la notación musical utilizada por los griegos1 2 así como muchas referencias literarias a la música de la Antigua Grecia. A través de las fuentes se ha podido investigar, o al menos hacerse cierta idea, sobre cómo sonaba la música griega, su rol en la sociedad, las cuestiones económicas relacionadas con ese arte o la importancia social de los músicos. La propia actividad de tocar instrumentos musicales está presente a menudo en el arte encontrado en las cerámicas griegas. Por su parte, la propia palabra «música» procede de la denominación de las musas, las hijas de Zeus que, según la mitología griega, inspiraban todas las actividades creativas e intelectuales.Sonido de la música de la Antigua Grecia


En un momento dado, Platón realizó esta crítica sobre la música moderna de su época:

Fotografía de la piedra original de Delfos en la que aparece 
el segundo de los dos himnos en honor a Apolo.
La anotación musical se representa en los símbolos que 
aparecen de forma discontinua encima de la principal línea
 ininterrumpida de signos alfabéticos griegos.


«Nuestra música estuvo una vez dividida en sus formas correctas (...) No estaba permitido intercambiar los estilos melódicos de estas formas establecidas con otras. El conocimiento informaba el juicio y penalizaba la desobediencia. No había silbidos, ruidos no musicales, o palmas para aplausos. La regla era escuchar silenciosamente y aprender; niños, profesores y la multitud se mantenían en orden ante la amenaza del palo. (...) Pero luego, la anarquía no musical fue dirigida por poetas que tenían talento natural pero eran ignorantes de las leyes de la música (...) A través de la estupidez se engañaron en pensar que no había bien o mal en la música, que debía ser juzgada en función del placer que diese. Con sus obras y sus teorías infectaron a las masas con la presunción de creerse jueces válidos. Por lo que nuestros teatros, antes silenciosos, se volvieron vocales, y la aristocracia musical llevó a una perniciosa teatrocracia (..) el criterio no era música, sino una reputación por la habilidad promiscua y un espíritu de ruptura de las leyes.»


— Platón3


Podemos asumir a partir de sus referencias a las formas establecidas y a las leyes de la música que, al menos parte de la formalidad del sistema armónico pitagórico había calado en la música griega, como mínimo cuando ésta era tocada por músicos profesionales en público. En su escrito, Platón estaría precisamente quejándose del alejamiento de esos principios hacia el "espíritu de ruptura de las leyes". Entre los infractores estaría seguramente incluido Aristóxeno, que mantenía que las notas de la escala no debían juzgarse por la proporción matemática, como mantenían los pitagóricos, sino por el oído absoluto. En esencia, Aristoxeno dijo que dado que no podías oír la "música de las esferas" en cualquier caso, ¿Por qué no simplemente cantar y tocar los sonidos buenos y razonables para nosotros? Esta filosofía tan simple subyace tras el movimiento posterior hacia el sistema temperado e incluso es comparable a la división de la música del siglo XX entre música tonal y música atonal.



Pan instruye a Dafnis en el uso de la flauta.


Por ello, jugar con aquello que "sonaba bien" violaba el uso adecuado del ethos de los modos. Es decir, los griegos habían desarrollado un complejo sistema que relacionaba características particulares de carácter emocional y espiritual con ciertos modos. Los nombres para los diversos modos derivaban de los nombres de las tribus y pueblos griegos, de los que se decía que su temperamento y sus emociones estaban caracterizados por el sonido único de cada modo. Por lo tanto, los modos dorios eran "duros", los frigios "sensuales", y así en adelante. En otros lugares,4 Platón comenta sobre el uso adecuado de los distintos modos: el dorio, el frigio, el lidio, etc. Es difícil para un oído moderno relacionar el concepto de ethos en la música excepto mediante la comparación con nuestra propias percepciones. Así, una escala menor se utiliza para la melancolía y una escala mayor para casi todo lo demás, desde la música alegre a la heroica. En realidad, hoy en día sería más comparable con el sistema de escalas usado en la India y conocido como raga, que percibe distintas escalas como más apropiadas para la mañana, otras para la tarde, y así en adelante.
La escala




Auleta (instrumentista de aulos), lecito ático de fondo blanco, c.480 a. C., Museo arqueológico regional Antonio Salinas de Palermo.




La escala fundamental de los griegos de la Antigüedad era la doria:5 re, mi, fa, sol, la, si, do, re. Sin embargo, mientras que la escala moderna es esencialmente «ascendente», la doria era «descendente»: subirla, era, a ojos de los griegos, emplearla al revés. El sitio de los semitonos en las dos escalas es el mismo, si se considera cada escala en su sentido directo, y no en el inverso. No olvidemos que una escala es un movimiento melódico, y que la dirección de este movimiento depende de las atracciones entre las notas, y después por la determinación del lugar de los semitonos. Crearon sus primeras escalas mediante la notación alfabética, es decir dieron a las notas como nombre algunas letras de su alfabeto.6


Nuestra escala tiene una tónica que está en el primer grado. Pero la noción de la tónica no tiene sentido más que desde el punto de vista moderno de la armonía, concepto que, tal y como la entendemos, era ignorado por los griegos. Su escala no tenía tónica y, no obstante, había una nota que jugaba un papel preponderante: era la mediante. En la escala doria, la mediante era el la. Su nombre se debía a su posición casi central, y su importancia se debía a que la mayoría de las relaciones melódicas se percibían directa o indirectamente en relación con ella. La doria era la escala fija en la música griega. Pero se transformaba en una serie de diversas escalas o modos, según se desplazara el punto de partida y la mediana (véase velocidad de fase). Los modos griegos eran: dórico, hipodórico, frigio, hipofrigio, lidio, hipolidio, mixolidio, hipomixolidio. Igual que transponemos nuestra escala mayor y nuestra escala menor de la nota la, sin dulces tonalidades diferentes por el medio de alteraciones ascendentes o descendentes, los griegos usaban transposiciones análogas. Sabían incluso modular a la quinta inferior por medios puramente melódicos. Hasta aquí la exposición del sistema musical griego conforme a su forma más antigua, al que los griegos denominaban «género diatónico», debido a que era en el que las cuerdas de la lira alcanzaban la máxima tensión, y que se caracterizaba por la disposición siguiente de los intervalos en el tetracordio inferior de la escala: la-sol-fa-mi.


Las complicaciones, sin duda de origen oriental, se introdujeron después en la música griega, bajo los nombres de escala cromática y de escala enarmónica. La cromática se definía por la disposición siguiente del tetracordio inferior de la escala: la-fa#-fa(b)-mi. En cuanto a la escala enarmónica, muy diferente de la moderna, introdujo en la escala el cuarto de tono. A falta de signo más apropiados se representa por un fa seguido de un medio bemol ♭ utilizado para bajar la nota fa un cuarto de tono en el tetracordio inferior de la escala enarmónica la-fa-fa(b/)-mi. La música griega era esencialmente homófona, como todas las músicas de la antigüedad. Los griegos no consideraban musical la producción simultánea de dos melodías diferentes. Además, no conocían la armonía en el sentido moderno de la palabra. Cuando cantaban los coros, siempre era al unísono o a la octava, y el aumento de un canto a la octava, tal y como se producía cuando se asociaban voces infantiles con voces de adultos, les parecía una complicación audaz. Los instrumentos que acompañaban a las voces se contentaban con aumentar su parte; a veces, sin embargo, añadían una «nota cambiata». Pero tales ornamentos o mezclas de sonidos no tenían, en ningún grado, el carácter o papel de nuestros contrapuntos o armonías modernas.


En definitiva, los sonidos de las escalas varían en función del lugar en el que se ubican los tonos y los semitonos. Mientras que la música occidental moderna distingue relativamente pocos tipos de escalas, los griegos usaban esta ubicación de tonos, semitonos e incluso la cuarta parte de tono para desarrollar un gran repertorio de escalas, cada una con un supuesto "ethos". No existe sin embargo ninguna evidencia que lleve a concluir que una secuencia de notas en una escala concreta corresponde "de forma natural" a una emoción particular o a una característica de la personalidad. Sin embargo, la idea griega de la escala (incluido su nombre) llegó hasta la música romana posterior y hasta la Edad Media, pudiendo encontrarse un ejemplo en el sistema modal eclesiástico.


A partir de las descripciones que han llegado a nuestros días, desde los escritos de Platón, Aristóxeno y, más adelante, Arístides Quintiliano y Boecio, podemos decir, aunque con ciertas precauciones, que los antiguos griegos, al menos los anteriores a Platón, escuchaban música principalmente monofónica, es decir, formada por melodías simples basadas en un sistema de modos o escalas, construidas bajo el concepto de que las notas debían ser colocadas entre intervalos consonantes. Está comúnmente aceptado en musicología que la armonía, en el sentido de un sistema desarrollado de composición en la que muchos tonos contribuyen al mismo tiempo a la expectación de resolución de la audiencia, fue inventada en la Edad Media europea, y que las culturas antiguas no tenían un sistema desarrollado de armonía. Sin embargo, resulta obvio a partir del texto de Platón que los músicos griegos en ocasiones hacían sonar más de una nota al mismo tiempo, aunque esto aparentemente era considerado una técnica avanzada. Algunos estudiosos creen que el fragmento musical conservado de Orestes de Eurípides claramente solicita que suene más de una nota al mismo tiempo; sin embargo, lo más probable es que el coro cantara todas las voces al unísono, de modo que las notas instrumentales, dadas probablemente con el aulos, se emitirían en los momentos de silencio del coro, para subrayar la tensión emotiva7 .También existe un interesante estudio8 en el campo de la música de la antigüedad en el Mediterráneo (descifrando escrituras musicales cuneiformes) que defiende la existencia de varios sonidos al mismo tiempo y de la invención teórica de una escala muchos siglos antes de que la escritura llegara a Grecia. Sin embargo, todo lo que se puede decir a partir de la evidencia existente es que, mientras que los músicos griegos sí que emplearon la técnica de hacer sonar varios tonos de forma simultánea, la forma más común y básica de la música griega era monofónica. Todo ello parece evidente si tenemos en cuenta los escritos de Platón:


«La lira debería utilizarse junto con las voces (...) el músico y el pupilo creando nota por nota al unísono, con heterofonía y bordadas por la lira (...)»


— Platón.9
El ritmo


La teoría del ritmo tenía para los griegos una importancia capital y adquirió un desarrollo considerable, cuyo análogo se encuentra en los tratados de composición modernos.


El pulso, que servía de base al sistema, era el valor de duración de la más pequeña, la «breve» (U), cuyo múltiplo era la larga (-), que equivalía a dos breves. Combinando largas y breves, se obtenían diferentes ritmos elementales o «pies», que corresponden a los tiempos de nuestros «compases»: el yambo (U-), el troqueo (-U), el tribraquio (UUU), el dáctilo (-UU), el anapesto (UU-), el espondeo (--), etc. Al reunir varios pies se formaban los metros, como nuestros compases se componen de tiempos. La unión de varios metros daba lugar a un elemento de fraseo o kôlon. Generalmente el fraseo se componía de dos kôla.


Los fraseos se reagrupaban en periodos y los periodos en estrofas, que se presentaban de ordinario seguidas de la antístrofa, y del épodo (coda). Las leyes más minuciosas y más variadas se aplicaban a la construcción de estos grandes conjuntos rítmicos, que aparecían ya sea en una oda de Píndaro o ya sea en una escena trágica de Esquilo; muy análogas por su arquitectura a las sonatas y sinfonías. Estas reglas de construcción fueron totalmente ignoradas en la Edad Media. Reencontradas gracias al instinto de los grandes maestros clásicos, no fueron enunciadas de forma muy explícita hasta después del descubrimiento en el siglo XX del verdadero significado de la doctrina de los antiguos.
Partituras






Partitura del Epitafio de Seikilos.

Se conservan una sesentena de fragmentos musicales griegos, desafortunadamente muy incompletos, transmitidos esencialmente en papiros de época greco-romana encontrados en Egipto. Han sobrevivido pocas piezas íntegras, como el denominado Epitafio de Seikilos (siglo II a. C.), algunos Himnos de Mesomedes de Creta - músico habitual del emperador Adriano- que han llegado a nuestros días gracias a su inclusión en manuscritos medievales, y algunas piezas instrumentales anónimas. Quedan treinta y siete notas del Orestes de Eurípides y cerca de unas veinte notas de Ifigenia en Áulide, del mismo autor.


Entre las piezas fragmentarias, las más importantes son los Himnos de Delfos, dos himnos del siglo II a. C. descubiertos en 1893-1894 por Théodore Reinach. En el Museo del Louvre se ha hallado un fragmento de un extracto de la tragedia Medea, del dramaturgo Carcino.


https://es.wikipedia.org/wiki/M%C3%BAsica_de_la_Antigua_Grecia